Probablemente el sábado, a eso de las 22 horas, asistimos a una de las más claras y palpables manifestaciones de lo que viene a llamarse un “ataque de entrenador”. Y es que uno, aunque no ha pasado más allá de entrenar a juveniles, se siente en cierto modo identificado con esos extraños comportamientos de muchos inquilinos de los banquillos.
En lo que nos afecta, el amigo Mendibili (que diría Ibrahima Balde) tuvo un auténtico episodio de epilepsia táctica frente al Valencia C.F. Partiendo de la base de que nadie tira piedras contra su tejado, el técnico de Zaldíbar sin duda habrá tenido una semana complicada. Una de esas en las que comienzas a cavilar y cavilar e intentas encontrar la mejor solución para el partido del fin de semana. Aquellas en las que analizas al rival, a tu equipo, valoras los entrenos, el árbitro y hasta la madre que parió a panete. Y de tanto pensar, pensar y pensar entras en un bucle en el que la solución más extravagante sin duda te parece cojonuda. Tan buena que la consultas con tu segundo, delegado, utillero, masajista y hasta tu parienta y todos ellos al verte tan entusiasmado asienten temerosos de derrumbar tu castillo de naipes.
Y con tu gran idea te vas acercando al partido. Y en el caso de Mendi añades que vuelve Don Patxi Puñal a las buenas actuaciones que han tenido juntos Oier y Loe y no encuentras otra salida: trivote (“al fin y al cabo, con Patxi-Neko-Raúl no me fue tan mal…” debió pensar) Y así de paso aplacas a esa jodida señora llamada Justicia que atormenta tu cerebro diciéndote: “coño José Luis, cómo vas a meter a Patxi y sacar a uno de los dos mocetes!”
Y te plantas ahí, con un frío que te cagas dispuesto a dar el pelotazo. Pero la cosa no funciona y el partido no sale como esperabas. Y entonces el capullo de tu segundo deja entrever que quizá no fue tan buena idea. Y la prensa te toca las pelotas nada más acabar el encuentro. Y la gente te critica en el bar, en la calle, en la oficina y hasta en las redes sociales. “Joder, si mi idea era buena. Algo descabellada vale, pero buena”. Y empiezas de nuevo a pensar en el próximo partido, y encuentras otra gran idea y se la cuentas a tu segundo, delegado, utillero, masajista y hasta tu parienta…
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