¡Madre mía que partido el pasado domingo! Se me va hacer realmente imposible manifestaros en estas líneas lo que viví durante la 18:00 y las 20:00, mientras nuestros rojos se enfrentaban a Real Betis Balompie S.A.D. Pero bueno, haya voy.
Los partidos contra la escuadra verdiblanca para mí son algo especial, más que nada por mi irracional anti-beticismo, sustentado en gran medida por nuestra derrota en el Calderón durante la final de S.A.R. el Rey Don Juan Carlos I de España y el haber tenido que soportar las burlas de los aficionados béticos tras el partido. Sé que la inmensa mayoría de aficionados rojillos y rojillas no tuvo que soportar esas vejaciones, lo cual me alegra en sumo, pero yo las sufrí y de ahí mi irracional anti-beticismo.
[Pensamiento on] ¿Hay algún anti- que sea racional? [Pensamiento off]
Así pues, mis ganas eran enormes cuando el trencilla de turno-como suele decir el gran Eduardo Diaz-dio el inicio de la batalla con su silbato. Las cosas pintaban bien, pintaban en rojo. Dominio absoluto de la pelota hasta que en una jugada a balón parado nuestro gran Miguel Flaño cabeceo a la red. Os puede parecer extraño pero, en ese momento comenzaron unas palpitaciones en mi patata que me hicieron abandonar en estadio. Uno ya se está haciendo mayor.
El paseo hasta el coche sirvió para calmarme un poco, lo justo para poder conducir mientras escuchaba la radio (¿Han entrado ya a los campos para retrasmitir?) hasta que pude llegar a la sociedad. Allí estaban viendo el partido dos buenos socios y mejores amigos, pero yo seguía totalmente acelerado. Bueno, mi patata. Por eso cogí y me fui a casica.
Pero justo antes de aparcar en frente al portal, mazazo en forma de gol bético. Normal me llegó a parecer, ya que todas las noticias que me llegaban desde nuestra fortaleza rojilla desde el comienzo de la segunda parte, solo eran de dominio y ataque continuo del “enemigo” bético. Ese instante solo lo puedo definir con una palabra: hundido.
En ese momento creo que se me paró el corazón durante un par de segundos, arrancando más calmado y por supuesto más abatido, totalmente deprimido vamos. Apagar la radio, cerrar el coche, caminar más lento que un limaco negro hasta el portal y finalmente acceder a mi hogar. Ya no quedaba nada, estaban en el descuento, pero no sé por qué, encendí la TV en el preciso instante que Nekounam lanza un misil contra el marco rival y GOOOOOOOOOOOL! Espero que no nos lo lleven a Guantánamo por tener un arma de destrucción masiva en su pierna iraní.
Euforia. De nuevo se aceleró el corazón. Loco, ido. Pensamientos felices y europeos se inyectaron en mi cerebro gracias a la adrenalina rojilla. ¡Madre mía! Voy a ir preparando las maletas, etc., etc.
Aupa Osasuna!
El Rojillo Bipolar